Bárbara Negrón, directora del Observatorio de Políticas Culturales, escribe a CIPER Chile sobre el actual escenario en Chile de las mujeres en el arte: «Las niñas encuentran pocas mujeres referentes que marquen un derrotero a seguir; por ejemplo, compositoras o trompetistas, directoras de orquestas o de cine que les permitan pensar que este tipo de actividad es posible para ellas. Y no necesariamente es que no existan mujeres en estos campos, sino que, en muchos casos, ellas son derechamente invisibilizadas».

 

En el mundo de las artes, y pese a lo que se podría pensar, las brechas, barreras e inequidades hacia la mujer son muchas. Siendo un sector que tiende a asociarse a un pensamiento progresista, puede sorprender la profunda y aún poco evidente desigualdad en que las creadoras están acostumbradas a desempeñarse. Pero existe, y es una práctica que comienza tempranamente.

En la formación inicial, las niñas encuentran pocas mujeres referentes que marquen un derrotero a seguir; por ejemplo, compositoras o trompetistas, directoras de orquestas o de cine que les permitan pensar que este tipo de actividad es posible para ellas. Y no necesariamente es que no existan mujeres en estos campos, sino que, en muchos casos, ellas son derechamente invisibilizadas, como sucedió con la francesa Alice Guy [foto superior], la primera persona en la historia que dirigió una película de ficción, y cuyo enorme aporte a la cinematografía mundial fue silenciado durante décadas.

En varios estudios realizados por el Observatorio de Políticas Culturales sobre el tema [1], liderados por la antropóloga Carla Pinochet, se observaron varios casos de violencia y abuso sexual en el transcurso del proceso formativo, que como quedó claro tras el movimiento #metoo, se extienden al campo laboral.

En la educación superior, en tanto, los estudios señalan que ya en esta etapa se comienza a perfilar sutilmente una división del trabajo por sexo, promoviendo o no alentando ciertas funciones en las alumnas, generalmente orientándolas a roles secundarios o de asistencia. Esta división del trabajo basada en estereotipos se consolidaría en la etapa laboral. De manera casi transversal a todas las disciplinas artísticas, hay una figura donde existen más barreras de entrada y discriminación: la del autor.

En el caso del cine, por ejemplo, es más habitual encontrar mujeres en los roles de maquilladoras y vestuaristas que en el de directoras. Aunque últimamente han destacado las nuevas creadoras audiovisuales en Chile, siguen siendo muchas menos que los varones. Tomando como muestra los años 2022 y 2023, vemos que solo un 21,54 % de las películas estrenadas durante esos años fueron de mujeres. En el caso del documental, la presencia solo aumenta a 33.75%.

En la música —sobre todo la docta, que se ha mostrado menos permeable a los cambios en comparación con la música folclórica y popular—, las figuras del compositor y director de orquesta parecen seguir siendo muy esquivas para las mujeres. Recién en 2015 fue que una mujer, Alejandra Urrutia, comenzó a liderar la Orquesta de Cámara de Chile, y en 2020 se convirtió en la primera mujer como titular de la Orquesta del Teatro Municipal de Santiago.

En las etapas de difusión, comercialización y exhibición, la participación de las obras realizadas por ellas también es menor, aunque en muchos casos provengan de carreras con gran presencia de mujeres. Por ejemplo, en las artes visuales, el último estudio realizado por el Ministerio de las Culturas sobre el tema señalaba que durante 2017 las mujeres representaban el 74% de la matrícula, si bien en ese mismo campo la brecha salarial es del 21,5% a favor de los hombres. En el Museo de Bellas Artes, solo el 12% de la colección de obras son de mujeres, y en el Museo de Arte Contemporáneo la cifra aumenta a 35%.

La presencia en ferias y galerías no es mucho mejor. En el campo del libro, las adquisiciones que hace el Estado para las bibliotecas públicas muestran un 32% de obras de mujeres, si tomamos como muestra el período de 2017 al 2022 [2]. En la etapa de reconocimiento y premios, se termina de completar un círculo vicioso, que colabora con la falta de referentes para las niñas y jóvenes, y la sensación de que no hay mujeres en la escena. De los 64 Premios Nacionales de las Artes que se han entregado desde 1992 solo 17 han sido para mujeres; es decir un 26,56% versus 73,44% de reconocimientos entregados a hombres.

Como en otros campos, en la creación artística también se suele confundir el síntoma con la causa. Tal como indica Carla Pinochet, la falta de reconocimientos a la trayectoria se toma como «la comprobación empírica de que ‘no hay mujeres’ que alcancen el estándar de calidad artística que demandan los escenarios».

Lo cierto, es que mujeres creadoras hay muchas, pero su trayectoria en el mundo de las artes no dependerá solo de su talento, como se tiende a esperar, sino de que estas desigualdades estructurales sean enfrentadas.

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[1] Para más información sobre mujere en el arte, ver «Mujeres en el campo audiovisual» (2021) y «Mujeres en el campo de la música» (2020), realizados por encargo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, disponibles en www.observatorio.cultura.gob.cl

[2] Fuente: Observatorio de Políticas Culturales, en base a información de los resultados de fondos concursables 2017-2020.